Cómo encontrar fugas de gasto con la regla de los 3 recibos

Author Maya & Tom

Maya & Tom

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Anoche estábamos cenando con amigos y, como siempre, el tema “dinero” apareció disfrazado de chiste: “¿En qué se nos va la vida si no compramos nada grande?”. Tom hizo la típica broma de “en cafés”, y yo le contesté que nuestros cafés no tienen la culpa de que pidamos comida a domicilio cuando estamos cansados. Nos reímos… y luego nos quedamos en silencio, porque ambos sabíamos que esa es la clase de conversación que puede volverse tensa en dos minutos.

Ahí es donde nos ha salvado un truco ridículamente simple: la regla de los 3 recibos. No es un sistema perfecto. No es una app milagrosa. Es, más bien, una linterna pequeña para ver por dónde se está escapando el dinero sin darnos cuenta.

Qué es la regla de los 3 recibos (y por qué funciona)

La regla es así: durante un periodo corto (una semana o unos días), guardamos solo 3 recibos o comprobantes que representen “gastos normales” de nuestra vida. No los elegimos por ser los más caros, sino por ser los más típicos.

Luego hacemos tres cosas:

  1. Los miramos juntos, sin acusaciones.
  2. Preguntamos “¿esto nos acerca o nos aleja de lo que queremos?”
  3. Cambiamos una sola cosa, pequeña, para la siguiente semana.

Funciona porque reduce el drama. En vez de revisar todo, que da pereza y genera culpa, revisas tres pistas. Es como decir: “No vamos a reconstruir el caso completo; solo queremos encontrar huellas”.

Cómo escoger tus 3 recibos sin hacer trampa (sí, nos conocemos)

Tom, por instinto, escogería recibos “justificables” (“fue una comida de trabajo”, “era necesario”). Yo, a veces, escogería recibos que me hacen quedar bien (“mira qué responsable soy”). Así que acordamos una regla adicional:

  • 1 recibo de algo automático (suscripción, tarifa recurrente, compra repetida).
  • 1 recibo de algo por cansancio/urgencia (delivery, taxi, compra rápida).
  • 1 recibo de algo por impulso o antojo (capricho, “solo por hoy”, “me lo merezco”).

Si no hay recibo físico, vale captura del banco o nota del móvil. Lo importante es que sea real y reciente.

Lo que buscamos en cada recibo: 5 señales de “fuga”

Con cada comprobante, hacemos mini-detectives. No buscamos culpas; buscamos patrones.

  • “No lo recuerdo”: si ninguno sabe explicar el gasto sin pensar demasiado, ojo.
  • Conveniencia pagada: pagamos más por ahorrar tiempo… ¿y ese tiempo realmente aparece?
  • Duplicados: pagamos dos veces por lo mismo (dos servicios, dos hábitos parecidos).
  • Pequeños “sí” en cadena: no fue “un gasto”, fueron cinco decisiones rápidas.
  • Emoción clara: estrés, premio, aburrimiento, FOMO. Si la emoción manda, la fuga suele repetirse.

Tres maneras justas de hacerlo en pareja (elige la que menos os pelee)

No todas las parejas se organizan igual, y eso está bien. Aquí van tres opciones que suelen evitar resentimientos:

  1. Turnos (una semana cada uno)
    Cada semana, una persona trae los 3 recibos. La otra hace preguntas, no sermones. La siguiente semana se cambia el rol.
    Justo si: uno suele cargar con “la administración” y ya está cansado.

  2. Dos tuyos, uno nuestro
    Cada uno trae 1 recibo “propio” y el tercero es de un gasto compartido.
    Justo si: queréis autonomía sin perder visión de equipo.

  3. Quien tiene más tiempo, registra; quien tiene más energía, propone
    Esta es nuestra favorita cuando la vida va a mil. Si uno está menos saturado, hace el “trabajo mecánico” (guardar/capturar). El otro lidera la decisión de cambio.
    Justo si: vuestras semanas son muy desparejas.

Frases que usamos para que no suene a interrogatorio

La diferencia entre una charla útil y una pelea suele ser una frase mal puesta. Estas nos han funcionado:

  • ¿Podemos mirar esto como un experimento, no como un juicio?
  • No te estoy pidiendo permiso; quiero entender el patrón.
  • ¿Qué necesidad estaba cubriendo esto: tiempo, descanso, recompensa?
  • ¿Qué alternativa sería igual de fácil, pero más alineada con lo que queremos?
  • Si esto se repite, ¿preferimos recortar aquí o en otra cosa?

Y cuando estamos en desacuerdo (pasa), decimos:

  • Vale, tú lo valoras por X y yo por Y. ¿Cómo lo hacemos justo para ambos?

Qué hacer cuando uno quiere recortar y el otro no

Aquí es donde la “justicia” importa más que la matemática. Dos ideas:

  • Separar “placer” de “hábito”: si es placer ocasional, quizá se queda. Si es hábito automático, se rediseña.
  • Cambiar el sistema, no la fuerza de voluntad: si el problema es cansancio, el plan no puede ser “seremos más disciplinados”. Tiene que ser “haremos que lo fácil sea lo que queremos”.

A veces usamos algo que, sinceramente, nos quita mucha tensión: tener visibilidad compartida. Con Monee (o cualquier forma de ver lo mismo), baja el “yo pensaba que…” y sube el “ah, claro, ahora lo entiendo”. Menos sorpresas = menos reproches.

Si esto se te hace difícil, empieza aquí

Elegid solo un recibo (sí, uno) que os haya sorprendido esta semana y haced una única pregunta: “¿Qué estaba intentando resolver este gasto?”. Con eso ya tenéis el primer hilo del que tirar, sin convertir la cena en una auditoría.

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