Cómo frenar compras impulsivas en el súper con la regla de 3

Author Aisha

Aisha

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¿Te ha pasado que entras por “dos cosas” y sales con una bolsa llena y esa culpa pegada al pecho?

La forma más simple que encontré para frenar compras impulsivas en el súper no fue hacer un presupuesto perfecto ni tener fuerza de voluntad de hierro. Fue una regla chiquita: la regla de 3 ítems. Funciona así: antes de meter cualquier “extra” al carrito, te permites elegir solo 3 cosas impulsivas en toda la compra. Sí, tres. Ni cero (porque eso suele explotar), ni veinte (porque ahí ya se fue). Tres, y punto.

Y lo mejor: no te obliga a ser “la versión ideal” de ti. Solo te da un freno suave cuando tu cabeza está cansada.

Yo la empecé a usar en días en los que no podía ni mirar mi cuenta. Esos días en los que el súper se siente como un premio, un consuelo, una distracción. Y también como una trampa.

Por qué compramos “de más” en el súper (aunque sepamos que no conviene)

Las compras impulsivas rara vez son solo sobre comida. Muchas veces son sobre:

  • Agobio: “No puedo con todo, al menos que esta compra se sienta bien”.
  • Ansiedad: ese modo “y si después me falta…”.
  • Culpa anticipada: “Ya la estoy liando, da igual”.
  • Cansancio: cuando decidir se siente como cargar ladrillos.

A mí me pasaba algo muy específico: cuando no podía ni abrir la app del banco, el súper era el lugar donde sí podía “resolver algo”. Comprar se sentía productivo. Y ahí caían los “por si acaso”, los snacks, lo nuevo que vi, lo que estaba “en oferta” (aunque no lo necesitara).

La regla de 3 no te pelea por sentir eso. Solo te pone un límite amable para que no se te vaya de las manos.

La regla de 3 ítems, en versión súper práctica

1) Define qué es un “impulso” (en tu idioma, no en el de alguien más).
Impulso es cualquier cosa que no estaba en tu plan inicial y que aparece por emoción, antojo o “aprovechar”. Puede ser dulce, bebida, una salsa “para probar”, un producto que viste en un pasillo y te cambió el humor por dos segundos.

2) Te das permiso para 3.
No te estás prohibiendo. Estás eligiendo. Y eso cambia la sensación: deja de ser “me lo merezco” vs. “soy un desastre”, y pasa a ser “tengo margen, pero con límites”.

3) Cada vez que aparece un “quiero esto”, haces una mini pausa de 10 segundos.
No es meditación, no es drama. Es solo esto:

  • “¿Esto sería uno de mis 3?”
  • “Si lo meto, ¿qué emoción estoy intentando calmar?”
  • “¿Lo sigo queriendo si lo imagino ya en casa, mañana?”

Si la respuesta es sí, perfecto: lo eliges como uno de tus tres. Sin culpa.

4) Lleva el conteo sin presión.
Puedes hacerlo con los dedos, una nota rápida, o mentalmente. Tres y ya.

Lo que pasa cuando llegas al ítem 4 (y tu cerebro dice “da igual”)

Este es el momento clave, porque el impulso suele venir con esa frase peligrosa: “Ya qué más da”.

Cuando te pase, prueba una de estas salidas “suaves”:

  • Cambio 1 por 1: “Si quiero esto, ¿qué impulso anterior cambiaría?”
    No es castigo, es edición. A veces te das cuenta de que el primer impulso era solo por nervios, y el cuarto sí te hace ilusión de verdad.
  • Lo dejo para la próxima compra: “Si de verdad lo quiero, lo vuelvo a elegir otro día”.
    Esto baja la urgencia. Muchas veces el impulso es hambre + cansancio + estímulo del pasillo. Y se va.
  • Lo convierto en plan: “Si esto me importa, lo apunto para la lista”.
    Esto es enorme. Porque tu yo del futuro decide con menos ruido.

Un ejemplo realista (de esos que pasan)

Imagina: estás en la caja y ves ese chocolate, luego una bebida, luego unas galletas “nuevas”. Metes dos. Te quedan “1 de 3”.

Y de pronto ves un snack salado que te grita tu nombre.

Antes, yo ahí me iba: “Bueno, ya está”. Y el carrito se llenaba con cosas que no disfrutaba ni en casa, porque ya venían con culpa incluida.

Con la regla de 3, el diálogo cambia: “Ok, esto sería mi tercero. ¿Lo quiero más que la bebida?” A veces sí. A veces no. Pero en ambos casos, yo decidí, no el pasillo.

Cómo hacerlo más fácil si te cuesta mucho (de verdad mucho)

  • No vayas con hambre si puedes evitarlo. No perfecto, solo “un poco menos vulnerable”.
  • Haz una mini lista de 5 básicos. No toda la compra. Solo cinco cosas que te sostienen.
  • Elige tus 3 impulsos “con cariño”. Si vas a tenerlos, que te den calma de verdad, no culpa rápida.

Y si te ayuda, el seguimiento puede ser tu aliado, no otra tarea. A mí me sirvió verlo como “una cosa menos que pensar”: registrar lo básico (sin juzgarme) me bajó la ansiedad con el tiempo. Si usas algo como Monee para tracking, la idea no es volverte estricta; es darte claridad para que la compra no se sienta como un misterio que da miedo mirar.

Porque el problema no eres tú. El súper está diseñado para tentarte cuando estás cansada.

Start here if this feels hard: en tu próxima compra, elige solo 3 impulsos y cuenta en voz baja “1, 2, 3” antes de meterlos.

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