Cómo presupuestar facturas variables con un rango mín–máx

Author Aisha

Aisha

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A veces el problema no es que gastes “mal”. Es que hay cuentas que no se dejan domar: luz, gas, agua, móvil, transporte, suscripciones que suben, copagos… y cada mes llega con un número distinto.

Cuando intentas meter eso en un presupuesto “fijo”, te pasa una de dos: o te quedas corta y te frustras, o inflas tanto la cifra que el presupuesto deja de servir. En días de cansancio y poca energía mental, ese tira y afloja agota.

Aquí va un nudge pequeño y profundo: presupuestar las facturas variables como un rango mín–máx.

La respuesta rápida

En vez de poner “luz: X”, pones “luz: entre A y B”.

  • A (mínimo) = lo más bajo que suele venir (realista, no ideal).
  • B (máximo) = un tope prudente que sí podrías cubrir en un mes alto.

Luego, tu sistema decide por ti qué hacer cuando llega el mes real.

La fricción

Presupuestar facturas variables suele fallar por tres fricciones:

  1. Te exige adivinar. Y adivinar cansa.
  2. Te obliga a reajustar todo el plan cuando una cuenta cambia.
  3. Convierte cada pago en un mini-juicio: “¿lo hice bien o mal?” (cuando a veces solo fue clima, consumo, tarifas, etc.)

Un rango baja la presión: no buscas precisión perfecta; buscas un carril seguro.

El nudge (la idea del rango)

Piensa en tus facturas variables como una banda elástica: se estiran y se encogen, pero suelen moverse dentro de un margen.

Cómo definir tu mín–máx (sin complicarte)

Chequeo único (10 minutos):

  • Mira los últimos 6–12 meses (si no los tienes, mira los últimos 3 y sigue).
  • Para cada factura variable, anota:
    • Mínimo típico (A): uno de tus meses más bajos que sí ocurrió.
    • Máximo prudente (B): uno de tus meses altos o un poco por encima si te da tranquilidad.

Regla amable: si dudas, haz el máximo un poquito más alto. El objetivo es evitar sorpresas, no ganar un concurso de exactitud.

El plan Si–Entonces (para que el sistema piense por ti)

El rango funciona mejor con reglas simples:

  • Si la factura cae por debajo del mínimo (menos que A), entonces el “extra” se va a un pequeño colchón para facturas (o a tu objetivo más cercano).
  • Si la factura cae dentro del rango (entre A y B), entonces no haces nada: el rango ya lo contemplaba.
  • Si la factura supera el máximo (más que B), entonces cubres la diferencia con el colchón de facturas; si no alcanza, haces un ajuste una sola vez (no renegocias todo tu mes).

Eso es todo. Una decisión convertida en tres automatismos.

Pick your version (elige tu versión)

Zoe (coach de elecciones): “¿Qué valor estás protegiendo?”

El rango no es solo matemática: es una elección de qué te importa más.

  • Si valoras calma, elige un máximo más generoso (menos sorpresas).
  • Si valoras optimizar, elige un máximo más ajustado (más probabilidad de ajustes pequeños).

Trade-off claro: más calma = menos ajustes, más precisión = más microdecisiones. No hay respuesta “correcta”; hay la que te cuida en tus semanas reales.

Lina (estudiante que prueba): “Hagamos un experimento de 2 meses”

Si te abruma hacerlo para todo:

  1. Elige una sola factura variable (la que más te descoloca).
  2. Pon un rango mín–máx.
  3. Aplica las reglas Si–Entonces por dos ciclos de pago.

Luego preguntas de laboratorio:

  • ¿El máximo te dio tranquilidad o fue demasiado?
  • ¿El mínimo fue realista? Ajusta el rango una vez y listo. Pequeño, probado, tuyo.

Maya & Tom (pareja en equipo): “Reglas justas, sin discusiones mensuales”

Para que el rango no se convierta en conversación eterna:

  • Acuerden juntos el rango (A y B) para las facturas compartidas.
  • Definan una regla de equidad:
    • Si una factura supera B, entonces la diferencia se paga con el colchón común; si no alcanza, se divide según la regla que ya usan (mitad y mitad, proporcional, etc.).
  • Un solo “check” al mes: ¿seguimos dentro del rango? Sí/No.

El rango evita el “¿por qué subió?” en modo reproche y lo convierte en “nuestro sistema lo cubre”.

Rafael (revisor sin hype): “Rango + ‘colchón de facturas’ es el combo”

Un rango funciona mejor si existe un lugar claro para los desajustes: un colchón de facturas variables.

  • No necesita ser grande para empezar.
  • Su trabajo es absorber meses altos para que tu presupuesto no se rompa.

Piénsalo como amortiguador, no como “ahorro perfecto”.

Marco (explicador visual): mini flujo de decisión

Úsalo como nota en tu app o libreta:

Llega la factura →
¿Es ≤ A? → guarda la diferencia (colchón/objetivo)
¿Está entre A y B? → todo ok, no toques nada
¿Es > B? → paga diferencia con colchón → si falta, ajuste único

Menos vueltas. Más claridad.

Nadia (coach de conversación): un guion simple

Si vives con alguien o compartes gastos:

“Para no estar reajustando cada mes, ¿te parece si ponemos un rango para estas facturas? Un mínimo realista y un máximo prudente. Si pasa del máximo, usamos el colchón y si no alcanza, lo resolvemos con nuestra regla. Así no lo discutimos cada vez.”

Corto, calmado, concreto.

Qué se siente cuando funciona

  • Tu presupuesto deja de “fallar” por una factura impredecible.
  • Tomas menos decisiones repetidas.
  • Los meses bajos se convierten en pequeñas victorias automáticas (porque generan colchón).

No es magia. Es diseño de fricción: quitar un paso mental.

Qué hacer si esto no funciona

Si tus facturas varían tanto que el rango te queda enorme o inútil, prueba esta alternativa:

Agrupa varias facturas variables en una sola categoría-rango.
En vez de rangos por factura, haces un rango para “Servicios variables” (luz + gas + agua + etc.). Es menos preciso, pero suele ser más estable y más fácil de sostener en días cansados.

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