Hay un momento en el que te alegras muchísimo de tener efectivo en casa: el día que el datáfono “no funciona”, el cajero está fuera de servicio y tu banco tiene una “incidencia”. La pregunta incómoda es la otra: ¿cuánto efectivo es previsión sensata y cuánto es meterte en un problema por inseguridad o por autosabotaje?
Mi veredicto: tener algo de efectivo en casa es “Okay” y, para muchas personas, hasta “Great” como respaldo, pero pasar de cierto punto se vuelve “Risky” por robo, pérdida y por lo fácil que es gastar sin control. Lo que casi nadie te dice es que la cifra correcta no es universal: depende de tu barrio, tu familia, tus hábitos de pago y lo rápido que puedas conseguir dinero si algo se tuerce.
Regla práctica (sin complicarte)
Si quieres una guía simple que funciona para la mayoría:
- Base “Okay”: efectivo para 3 a 7 días de gastos esenciales.
- Más robusto (“Great”): efectivo para 1 a 2 semanas si vives en zona con cortes frecuentes, haces muchos pagos presenciales o tienes dependientes.
- Por encima de eso: suele pasar a “Risky”, salvo casos específicos (ruralidad aislada, trabajos con cobro en efectivo, logística complicada).
¿“Gastos esenciales” qué incluye? Comida básica, transporte mínimo, medicación, higiene, algo para pequeños imprevistos y, si aplica, necesidades de niños o mascotas. No incluye caprichos ni “por si acaso me apetece”.
Para ti si… / No para ti si…
Para ti si…
- Pagas a veces en efectivo (mercados, pequeños comercios, taxis, propinas).
- Te preocupa un corte de luz, internet o una caída puntual de sistemas.
- Tienes familia a cargo o alguien con necesidades médicas.
- Vives lejos de cajeros o dependes de un solo banco.
No para ti si…
- Vives con más gente y no puedes controlar el acceso al efectivo.
- Tu zona tiene riesgo de robos o tu vivienda es vulnerable.
- Tiendes a gastar “lo que está a mano”.
- Te da ansiedad tener grandes sumas guardadas (la tranquilidad también cuenta).
Lo que no te cuentan: el efectivo también tiene “coste”
No hablo de precios ni de inflación en términos técnicos. Hablo de cosas prácticas:
- Riesgo físico: robo, incendio, inundación, extravío.
- Riesgo de hábito: el efectivo se va “sin registro”. Es fácil que se convierta en fugas pequeñas constantes.
- Riesgo de falsa seguridad: guardar mucho efectivo puede hacerte sentir preparado, pero no sustituye un plan real (duplicidad de métodos de pago, ahorro, respaldo bancario).
Si eres de los que quiere controlar bien sus gastos, aquí es donde un tracker de gastos puede ayudar: no porque “solucione” tus finanzas, sino porque te obliga a ver en qué se va el dinero. Y sí, el efectivo es el que más se escapa si no lo apuntas. (Como categoría, las apps de seguimiento suelen ser “Great” para visibilidad, “Okay” para disciplina y “Risky” si te obsesionas con cada céntimo.)
Cómo ajustar la cantidad a tu situación
Piensa en escenarios, no en números mágicos:
- Apagón o caída de red (1–2 días): prioriza transporte, comida lista y pequeños pagos.
- Fin de semana sin cajeros (2–4 días): añade compra básica completa y algo para emergencias.
- Problema más largo (1–2 semanas): aquí ya entran medicación, combustible/traslado, y un margen por si un gasto “sí o sí” aparece.
Ahora ajusta según tus fricciones:
- Si puedes conseguir efectivo rápido (cajeros cercanos, familia, varios bancos), necesitas menos.
- Si dependes de un único banco o zona con pocos cajeros, necesitas más.
- Si en casa hay muchas manos o visitas, mejor menos y más control.
Seguridad: el “cómo” importa más que el “cuánto”
Tener efectivo sin plan es lo que vuelve todo Risky. Lo sensato suele ser:
- Divide en 2–3 lugares (no un único escondite obvio).
- Evita sitios típicos (cajones del dormitorio, cocina, “la caja de galletas”).
- No lo comentes: la mayoría de problemas vienen por información, no por ingeniería.
- Mantén billetes útiles: una parte en cantidades pequeñas para pagos cotidianos; el resto en billetes medianos.
- Revisa y repón: si lo usas, vuelve a dejar el colchón como estaba.
Si tu prioridad es máxima seguridad, menos efectivo y más redundancia de métodos (tarjetas distintas, cuentas separadas, etc.) suele ser mejor que acumular.
Señales de que te estás pasando
- Tienes tanto efectivo que te daría un disgusto perderlo.
- No puedes explicar para qué escenario lo guardas.
- Te cuesta decir “no” cuando lo ves disponible.
- Te da más ansiedad tenerlo en casa que no tenerlo.
En ese punto, lo honesto es llamarlo por su nombre: ya no es previsión, es exposición.
FAQ: dudas típicas al cambiar tu estrategia
¿Y si mañana todo falla?
El efectivo ayuda en fallos cortos. Para fallos largos, el efectivo solo no resuelve logística, seguridad ni suministro. Úsalo como puente, no como plan completo.
¿Es mejor guardarlo todo junto “para no perderlo”?
No. Un único punto de fallo es mala idea. Mejor fraccionar y tener control.
¿Qué pasa si decido bajar mi efectivo en casa?
Lo difícil no es “dónde lo pongo”, sino cómo te adaptas: tener dos métodos de pago alternativos, un pequeño fondo accesible y hábitos de control (especialmente si usas efectivo a menudo).
¿Cómo evito que el efectivo se me escape sin darme cuenta?
Una regla simple: cada vez que uses efectivo, anótalo al momento o al final del día. No es glamour, pero funciona. Si te da pereza, el problema no es la herramienta: es el hábito.
¿Entonces cuál es el punto dulce?
Para la mayoría, 3 a 7 días de esenciales es el equilibrio entre tranquilidad y riesgo. Subes hacia 1–2 semanas si tu realidad lo pide; más allá, normalmente ya estás comprando preocupación.

