Si este viaje te ilusiona pero también te aprieta el estómago, necesitas una respuesta simple: sí, puedes permitirte el viaje si no rompe tu colchón y no te obliga a “sobrevivir” el mes siguiente. No hace falta un Excel infinito. Hace falta un marcador, como en un partido: tres números y una decisión.
La mayoría se equivoca en lo mismo: solo mira el precio del vuelo (o del hotel). Eso es como ir al súper con hambre y “solo” comprar pan… y luego aparecer en casa con pan, queso, postre y cero idea de cuánto gastaste. El viaje no cuesta “el vuelo”. Cuesta todo lo que el viaje arrastra.
Aquí va mi prueba de 3 números. Memorable, repetible, sin drama:
El test: 3 números, una decisión
1) Número 1: El total real del viaje (todo incluido)
Este es el marcador completo, no el highlight.
Incluye, como mínimo:
- Transporte (ida/vuelta + traslados)
- Alojamiento
- Comida y cafés “de paso”
- Actividades / entradas / tours
- Compras y “recuerditos”
- Extras inevitables (equipaje, propinas, datos, etc.)
- Un margen por imprevistos: 10–20% suele ser razonable
Si te cuesta estimarlo, usa un atajo honesto: comida + extras suelen ser “una buena parte” del viaje. Si lo subestimas, el test se rompe. En cocina, esto es como olvidarte la sal: el plato queda raro aunque la receta “esté bien”.
2) Número 2: Tu colchón después de pagar el viaje
No es “¿puedo pagarlo hoy?”, sino “¿cómo quedo mañana?”.
Mide el colchón en algo que no miente: meses de gastos esenciales (lo mínimo para vivir: vivienda, comida básica, transporte, salud, deudas mínimas).
Regla práctica (situacional):
- Si tienes ingresos muy estables y pocas obligaciones: 1–3 meses puede ser suficiente.
- Si trabajas por cuenta propia, tus ingresos varían o tienes gente que depende de ti: 3–6 meses suele ser más seguro.
El criterio del test:
- Si el viaje te deja por debajo de tu rango de colchón, no estás comprando un viaje: estás comprando vulnerabilidad.
Piensa en el colchón como el calentamiento antes de entrenar. Puedes saltártelo “una vez”… hasta que un día te lesionas. Y en dinero, la lesión se llama “imprevisto”.
3) Número 3: Tu margen mensual durante y después
Aquí es donde la fantasía se vuelve vida real.
Calcula tu margen mensual así:
- Ingresos netos del mes
- menos gastos esenciales
- menos compromisos fijos (deudas, cuotas, obligaciones)
= margen
Ese margen es lo que te permite ahorrar, disfrutar y respirar. Ahora pregúntate: ¿cuánta parte del margen se come este viaje?
Atajo útil: el 50/30/20 (necesidades/deseos/ahorro) no es una ley, pero es un buen espejo. Si para pagar el viaje vas a:
- convertir tu “20” de ahorro en “cero” por varios meses, o
- empujar necesidades al crédito, o
- vivir con el contador en rojo,
el test te está diciendo que el “sí” sale caro.
Cómo decidir con los 3 números (sin autoengaño)
Usa estas tres frases. Si respondes “sí” a las tres, normalmente vas bien:
- El total real del viaje cabe en tu plan sin trucos.
- Tu colchón después de pagar sigue dentro de tu rango seguro (el tuyo, no el de TikTok).
- Tu margen mensual no queda destruido: sigues pudiendo cubrir esenciales y mantener una rutina de ahorro razonable.
Si una de las tres falla, no es “prohibido viajar”. Es “no así”.
“Pero yo viajo porque lo necesito” (y es válido)
Hay viajes que no son capricho: familia, salud, oportunidades. En esos casos, el test no es para castigarte; es para elegir el daño mínimo.
Ajustes inteligentes cuando el viaje es inevitable:
- Reducir el Número 1 (versión “básica” del viaje): menos noches, menos extras, más simple.
- Proteger el Número 2 (colchón) aunque el resto duela un poco: el colchón te evita problemas grandes.
- Repartir el golpe del Número 3: en lugar de pagar todo de una vez, planificarlo por meses (sin inventarte dinero).
“Pero si eso no encaja contigo…” alternativa rápida
Si tu realidad es irregular (comisiones, freelance, temporadas), el margen mensual varía mucho. En ese caso, cambia el enfoque:
- En vez de “¿puedo pagarlo ahora?”, usa “¿puedo separarlo antes?”
- Crea un “fondo de viaje” con aportes automáticos pequeños, y el viaje solo ocurre cuando el fondo llega al total real.
Es el equivalente a preparar ingredientes antes de cocinar: cuando llega el momento, no improvisas con hambre.
Un detalle que lo hace todo más fácil
Este test depende de algo simple: conocer tus números reales. No tus intenciones. Tus números. Si usas una app como Monee (o el método que sea), la idea no es controlar tu vida: es tener posición, como mirar el mapa antes de conducir.
Quédate con esto: un viaje “asequible” no es el que puedes pagar; es el que puedes pagar sin romper tu colchón ni tu mes. Tres números. Un marcador claro. Sin ruido.

